jueves, 4 de noviembre de 2010

El miedo y la peste

Un sabio sentado en la cumbre de una montaña, ve pasar una sombra y pregunta: ¿Quién eres?. La sombra le contesta -Soy la peste-. ¿Adonde te diriges? -A matar mil personas de ese poblado-. Bueno, ve y mata. A los pocos días, el sabio se encuentra con un hombre y le pregunta ¿De donde vienes? - Huyo de aquel poblado que ha sido atacado por la peste y ha matado treinta mil personas- Bueno, ve y huye. A las pocas horas, vuelve a pasar la sombra y el sabio lo detiene. Oye tú, me has engañado, dijiste que matarías mil personas y has matado treinta mil. ¿Porqué?.

La peste le responde- No es cierto, yo solo maté mil personas, el resto, murió de miedo.
FIN

El miedo es un gran mecanismo de supervivencia, utilísimo para mantenernos vivos aquí y ahora (puedes ampliar información en la entrada de este mismo blog que añadí recientemente http://networkedblogs.com/9HsxY ).

Todos tenemos creencias, ideas, expectativas, propias y ajenas, naturales y consustanciales o adquiridas casi a la fuerza en nuestra experiencia cotidiana. Nacemos inocentes, puros, como esponjas con los ojos abiertos dispuestos a absorber todo lo que vemos, oimos y tocamos. Es genial porque así nuestra experiencia se va conformando y podemos ir desempeñando nuestra función vital en el día a día.

La felicidad es nuestra dote porque ahí estamos abiertos, sin críticas, sin juzgar, como espejos que devuelven una imagen de alegría y pureza a quien se mira en nosotros.

Si vemos algo peligroso el miedo aparece y nos ayuda activando nuestro organismo para que produzca las sustancias imprescindibles para huir, luchar o estar expectantes, es decir, para permitir o favorecer al máximo nuestra propia supervivencia.

Pero llega un momento en que somos conscientes de nosotros mismos y de que pensamos, y entonces el instinto que nos guiaba deja el paso a la razón. Y pensamos y escuchamos y la voz del instinto que nos guiaba pierde fuerza por los gritos de la mente hasta que sólo escuchamos a esta última que toma su trono y su poder ejerciendo de gobernanta poderosa e infalible.

No estaría mal si razonáramos ateniéndonos a las circunstancias, hechos concretos y situaciones específicas, propias, pero es que no es así, por que lo que realmente ocurre es que esta razón tan "poderosa" se alimenta de lo que otros le dicen de "sus" experiencias (igual de propias e intransferibles que las tuyas y condicionadas por su vida), de sus miedos y temores y con el tiempo y la repetición cobran fuerza y acaban formando parte de nuestro propio bagaje, ¡¡somos nosotros!!

Y se encarna tan dentro y tan profundamente que no logramos ver que es algo ajeno, que no "resuena" contigo, que ciertamente lo sufres, pero sin saber ya cuándo llegó, olvidada esa primera etapa feliz e inocente, primordial.

Y ocurre como en el pueblo de la historia, que los problemas, enfermedades, discusiones, relaciones, hacen mucho menos daño que el miedo que despierta en nosotros, porque se forma un círculo vicioso donde comenzamos a pensar en la situación concreta y sentimos el miedo y como ese propio temor hace que nuestro cuerpo libere sustancias para enfrentarlo (como he dicho más arriba en este mismo escrito) sentimos al mismo tiempo "síntomas" de que algo debe tener de verdad cuando respiramos así o temblamos de esta otra manera; y entonces el pensamiento temeroso del principio cobra más fuerza: ¡¡Círculo terrible, este sí, donde los haya!!

Es "nuestra" emoción la que nos daña, es "nuestro" miedo el que nos perjudica.

Pero como todo círculo, está compuesto por eslabones y atacando uno de ellos, logrando romperlo, la cadena pierde toda su fuerza y así podemos recuperar nuestro poder.

Sí, nuestro poder, porque está ahí dentro desde siempre, agazapado humildemente, tapado por costras de emociones negativas, pero dispuesto a reforzarnos, alimentarnos, limpiarnos y volver a ocupar su lugar, que es el que nos corresponde.


¿Sientes ese miedo del que te he hablado?

¿Conoces el círculo vicioso comentado?

Entonces sabes también que tu poder está ahí, esperándote.

¡Permíteme ayudarte a recuperarlo!

Juan Pedro
reikifor@yahoo.es