lunes, 11 de mayo de 2009

Ansiedad y EFT



La ansiedad, el estrés, no son malos en sí mismos, sino que consisten en una respuesta adaptativa que nuestro organismo necesita y emplea para poder enfrentar situaciones donde se requiere una especial entrega por nuestra parte, como por ejemplo huir ante un peligro.

Cuando vamos a realizar un esfuerzo importante, físico o intelectual, nuestro cuerpo se prepara para la acción, intensifica la producción de sustancias que activan el organismo y crea un estado de alerta general que nos permita rendir al máximo y con el mayor éxito en la tarea en cuestión. Un ejemplo, desde el punto de vista del esfuerzo físico sería una prueba atlética o una huida ante un peligro real y desde el punto de vista intelectual un examen o una conferencia o charla. En estos casos nuestros pensamientos y emociones nos preparan positivamente para llevar a cabo la tarea de forma adecuada: se aceleran los latidos del corazón, aumenta el ritmo respiratorio, y se crea una especie de tension corporal, signos inequívocos de la preparación necesaria para afrontar esa situación lo mejor posible.

En este caso, hay una respuesta acorde y adaptada a lo que la situación nos exige.
Ahora bien, si en lugar de encontrarnos ante esa situación real de acción, los síntomas o señales antes descritos (corazón, respiración, tensión) aparecen de improviso, cuando nuestros pensamientos anticipan, crean o imaginan una posible situación de peligro, aumentando además en intensidad conforme sube el grado de imaginación o anticipación de la misma, nos podemos encontrar en una situación muy distinta de la anterior: sentimos, por ejemplo, que se acelera el corazón, nos entra sensación de miedo que a su vez hace aumentar ese ritmo cardiaco y acelera nuestra respirción, ello hace que nuestos pensamientos de que algo va amla parezcan estar en lo cierto con lo que entramos en un círculo vicioso que las personas que han tenido alguna vez un ataque de ansiedad conocen muy bien.

Todos tenemos un grado de activación propio y personal que conocemos como ansiedad rasgo, es decir, el estado normal de activación que nuestro organismo emplea en el día a día. Este puede variar de una persona a otra y así, en una escala de 0 a 10, una persona tendrá una ansiedad rasgo de 5, otra de 7 y en una tercera podrá ser de 3. En cada caso será distinta pero será la misma si comparamos a esas tres personas del ejemplo ya que es al línea base de activación que cada uno posee.

Luego aparece la denominada ansiedad Estado, es decir, la activación extra que se producirá cuando la situación así lo requiera (huir ante un animal peligroso). Es evidente que, esta sobreactivacion aumentará el nivel de ansiedad rasgo que tenga cada uno hasta donde sea necesario para afrontar con éxito el problema que se presenta ante nosotros; pero como el punto de partida de base será diferente, si por ejemplo el aumento es de 4 puntos, en el caso de uan persona con ansiedad rasgo de 5, subirá a 9, en la de 7 aumentará hasta 11 mientras que en la de 3 sólo alcanzará los 7 puntos.

¿Qué ocurre? que mientras cada uno está acostumbrado a su nivel básico de activación, cuando una situación hace que se disparé, las señales y síntomas que acompañan ese aumento pueden llegar a ser desproporcionados y en lugar de servirnos, perjudicarnos. En este caso, las emociones de miedo, inseguridad, alarma y el estrés que las acompaña sirven como disparadores y reforzadores de ese círculo vicioso comentado anteriormente. Y eso es lo que ocurre cuando tenemos un ataque de ansiedad: nos disparamos por encima de lo necesario y en ausencia de una situación que así lo justifique y, al mismo tiempo, se producirá un bloque en el sistema energético corporal que impide que esa aenergía siga fluyendo como si de un río vivo se tratara. Es como un cortociruito que se activará de nuevo cada vez que volvamos a pensar en el problema en cuestión.

Como vemos, esos pensamientos y emociones negativas que van con el exceso de activación sirven de potenciadores de nuestras reacciones, por lo que podemos pensar que si actuamos sobre las mismas, esa potenciación no se producirá y aqui es donde EFT cumple su función de forma admirable, eficaz y rápida, disolviendo el bloqueo rápidamente.

Mientras la persona está centrada en el problema en cuestión (previa valoración del grado de ansiedad que le produce) actuamos golpeando muy suavemente ciertos puntos de acupuntura que hacen que ese cortocircuito, ese bloqueo, se disuelva sin dolor ni sufrimiento alguno, logrando que el grado de percepción de ansiedad del problema disminuya o desaparezca por completo. Es decir, no se olvida el recuerdo o situación concreta sino que ya no se reacciona de forma desproporcionada ante ellos, lo cual es un punto más a favor puesto que no se trata de echar montones de tierra sobre algo para que no se vea pero sigua ahí enterrado pudiendo aparecer en cualquier momento de nuevo, sino, más bien, de reaccionar de forma positiva, adaptativa y proporcionada en cada momento.


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